Salgo de la escuela y como es habitual comienzo a seguir a la gente, que después de hacer cuentas con los números de las placas en los autos es mi actividad favorita para caminar por la calle, aunque pensándolo bien puede ser la tercera (últimamente me encanta caminar sólo por donde hay árboles).
Es fácil llegar a las Ramblas porque toda la gente toma esa dirección, la primer víctima es una mujer de alrededor de 23 años, cabello rizado, ojos claros, tez morena, media altura, pantoncillos cortos, playera café y tenis tipo converse grises. Después de diez minutos me doy cuenta que ha seguido mi dirección habitual y justo baja en la estación correcta, se detiene en el semáforo de siempre, me pongo a su lado y me sonríe (además resulta ser una chica agradable, jaja), sigo sus pasos y toma la calle adecuada, supongo que alguien me manda una señal para que me acerque.
Me prometo que si toma la siguiente calle a la derecha me acercaré y puede ser que acepte mi invitación a tomar algo; sigue por otro lado y llego a casa, me siento y escribo mi fracaso.














los que hablan